En los últimos treinta años he consumido la papa como mi principal y casi único alimento.  La he combinado con aceite de oliva extra virgen prensado al frio y con otros tubérculos Y raíces como zanahorias, remolachas, ajos y cebollas, en menor cantidad.  La experiencia ha sido de tal magnitud y he aprendido tanto de la naturaleza humana durante todo ese tiempo, que quiero expresar mi agradecimiento a Dios por haberme guiado en esta jornada de salud que tantos beneficios me ha proporcionado a mi  y a mis miles de pacientes, a mis padres y a mis hijos y nietos.
A los dieciocho años me comenzaron las migrañas mas agresivas que puedan ustedes imaginar.  Me duraban días y me repetían constantemente.   A esa edad, comencé a tomar analgésicos de todo tipo para aliviar y soportar la situación y enfrentarme a mis estudios en la universidad.  Cosa que no era fácil con aquellos terribles dolores de cabeza que me cerraban los ojos ante la claridad del día y me encendía lucecitas  durante la noche.  Las tuve que sufrir por muchos años pues no existía ningún medicamento que las curara ni que tan siquiera las aliviara.  Tomaba mucha leche, me gustaba el queso, el pollo, el huevo, el pan con aguacate, el arroz con habichuelas con el pegao que hacía la olla de mi abuela, la tortilla española, y todo lo que le gusta a los puertorriqueños, menos el lechón que nunca lo consumí. Me gustaban los deportes y correr bicicleta pero tuve que optar por ver a otros jugar pues tan pronto me ejercitaba me comenzaban los tambores en la cabeza y sentía el corazón en la frente y en los ojos.
Tardé años en percatarme que mis sufrimientos estaban directamente relacionados a la alimentación pero tan pronto lo capté, me convertí en mi primer y más estricto paciente.  De plano eliminé la leche y los quesos que tanto me gustaban y sentí un gran alivio en la frecuencia de mis migrañas pero todavía los sufría de vez en cuando y me atormentaban. No fue hasta que adopté la dieta de papa y zanahorias que sentí el gran cambio que me devolvió la paz, la salud y hasta cierto punto, la vida.  O sea, que mi vida comenzó hace exactamente 36 años, antes de eso, vivía o sobrevivía con mucho esfuerzo, con bastante sufrimiento y con las limitaciones que las migrañas le causan a sus víctimas.  Mi vida se divide en dos etapas:   antes de la papa y después de la papa.
Sobre todo, cuando los diabéticos descubren que comiendo papas se cura la diabetes y a ellos le prohíben comer papas desde que le descubrieron la diabetes, se sienten indignados y engañados de que le hayan cambiado la papa por insulina.  La insulina provoca daño a los riñones, glaucoma y otros males visuales, neuropatía generalizada, problemas cardiovasculares, aumento de peso, daños al páncreas y al hígado y muy mala calidad de vida.
La papa, si se consume constantemente en la forma que la hemos recomendado como principal alimento, cura y repara el daño de todas estas enfermedades que provoca la insulina incluyendo la diabetes. 

Si enseñamos a este pueblo a consumir papas y a preparar las papas de diferentes formas y sabores, si los “fast foods” incluyeran papas en todos sus ofrecimientos, si le sirvieran papas a los niños en los comedores escolares y los educaran en el alto valor nutricional de este alimento, si le diéramos a comer papas a los atletas que representan a Puerto Rico en las Olimpiadas, si comieran papas los maratonistas, otra sería la historia de este Pueblo que crece torcido, enfermo física y mentalmente, que medica a los niños con drogas calmantes para que puedan atender en el salón de clases. Los niños que crecen con dependencia a drogas para modificar su comportamiento en las escuelas aprenderán por experiencia que la medicación es necesaria para controlar su conducta y tarde o temprano harán uso de otras drogas para sentirse bien y justificar su comportamiento. 
La papa contiene un balance de nutrientes que protegen las hormonas cerebrales del ataque constante que los opiáceos del trigo y de los aditivos químicos de otros componentes de la alimentación.  La papa ofrece un balance de carbohidratos de la mejor calidad en proporción a la proteína mas asimilable y convertible en amino ácidos.  Por tal razón,  es tan adecuada para el atleta de alto rendimiento como para el oficinista sedentario, para la mujer embarazada y para los niños de todas las edades.  Para los niños con historial o tendencias diabéticas nunca desarrollarán diabetes si aprenden los secretos de la papa. 

 

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